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La importancia del principio

libro en blancoEl último día señalamos la importancia de los principios y la necesidad de que atrapen al lector. Hay que plantear interrogantes, al menos en la mente del que nos lee, para que eso de pie a que quiera saber más cosas acerca del relato. Hay que crear expectativas: ¿qué le sucederá al personaje o personajes? ¿Qué es lo siguiente que hará? ¿Qué hay detrás de esa casa, de esa mirada, de ese hecho concreto que nos muestra, de entrada,  la persona que escribe el relato? Un buen comienzo, en definitiva, es aquel que invita al lector a seguir leyendo.

Veamos algunos principios que ilustran la importancia de un comienzo “en alto“, es decir, que empiezan suscitando el interés del lector. Esperamos que os sirvan de acicate para escribir y, por si aún no lo habéis hecho, también para leerlos.

Por favor, Dios, que llame ahora. Querido Dios, que me llame ahora. No voy a pedir nada más de ti, realmente no lo haré.No es mucho pedir. Sería tan poco para ti, Dios, una cosa tan,tan pequeña. Solo deja que llame ahora. Por favor, Dios. Por favor; Por favor; Por favor.

Una llamada telefónica, Dorothy Parker

Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos.

La metamorfosis, Franz Kafka

Hay una urbanización fortificada, en las afueras de la ciudad, a veinte kilómetros  hacia el interior, entre un polígono industrial y un balneario de aguas termales, que ostenta el nombre de Los Pinos Verdes, aunque no hay un solo pino, ni verde ni morado, en cinco mil metros cuadrados a la redonda. La urbanización consta de doce casas idénticas de estilo colonial, adosadas la una a la otra en una franja de terreno rectangular. Por delante, jardín comunitario con piscina entre moreras. Jardincito privado por detrás, al fondo del cual se yergue una palmera enana y torcida, junto a una barbacoa rústica. Para acceder a la urbanización es imprescindible tener una llave, o bien llamar a los porteros automáticos que hay junto a los buzones, en la verja de hierro que abrocha los gruesos muros que la circundan.Y eso es exactamente lo que acaba de hacer la joven pareja que ahora mismo, junto a las puertas abiertas del coche, brazos en jarras, ojos al cielo, espera de las alturas la señal de entrada a Los Pinos Verdes, un oasis amurallado en la periferia industrial de una gran ciudad.

El bebé de Rosa , dentro del libro de cuentos Fantasías animadas, Berta Marsé

Y para terminar,  aquí tenéis el célebre comienzo de una gran novela:

“Todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera.

En casa de los Oblonsky andaba todo trastrocado. La esposa acababa de enterarse de que su marido mantenía relaciones con la institutriz francesa y se había apresurado a declararle que no podía seguir viviendo con él.

Semejante situación duraba ya tres días y era tan dolorosa para los esposos como para los demás miembros de la familia. Todos, incluso los criados, sentían la íntima impresión de que aquella vida en común no tenía ya sentido y que, incluso en una posada, se encuentran más unidos los huéspedes de lo que ahora se sentían ellos entre sí”.

 Anna Karenina, Léon Tolstói

 

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