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Mad Max: Fury Road y la experiencia del “feminismo brutal”

Las grandes empresas cinematográficas se empeñan en abusar de la fórmula del momento, esquivan los gustos menores y se enfocan en la cultura popular. La postura entonces discierne entre lo incierto y lo que funciona. Argumentamos lo anterior porque la película que nos ocupa lleva en su interior la avaricia de una productora dispuesta a pagar millones de dólares para obtener ganancias jugosas y la satisfacción de un público deseoso de una mirada diferente.

mad_max-_fury_roadRecordemos que Mad Max es considerada como una historia de culto, no olvidemos a un Mel Gibson vestido de cuero y ojos de color, mientras su familia en la película es masacrada por una banda de pifias que sobreviven gracias a la indefensión de los menos, en el desquiciamiento de una cultura que ya se ve atrapada en una distopía que parece recurrente. Después vinieron dos películas que ya marcaban el camino de un realizador amante de lo no cotidiano; el desierto entonces realiza su labor de escenario locuaz para una cámara que se agita entre el contraste de un séquito de guerreras y guerreros dispuestos a cualquier cosa para adquirir una porción de las riquezas naturales.

Mad Max: Fury Road viene para rescatar al Max (Tom Hardy) justiciero y compararlo con la extrañeza de una sociedad desigual -como si fuera algo nuevo- y un grupo de mujeres de ciertas características que sirven de enfoque predilecto para un director (George Miller) que conoce demasiado bien la opulencia de lo estrambótico. Desde un inicio la cámara emancipada retrata la destreza de un individuo que carece de rostro pero que el lector cinematográfico logra dilucidar inmediatamente, mientras un grupo de estoicos soldados blanquecinos se aprovechan de la situación y lo toman preso. De aquí nos llevan a un mundo en color sepia e incongruente en un circo de seres extraños que permean un ciclo de existencia que reside sin ánimos de belleza, pero con la ilusión de llegar al lugar prometido; porque en esta distopía la grandeza escenifica la clarividencia de un líder que expresa su desgano en una parafernalia que esconde el horror de su apariencia.

Max es un hombre en las entrañas de esta fábrica de seres caprichosos, creyentes de una estructura fóbica paramadmax2 comprensión de pocos y adquisición de unos cuantos. El justiciero Max se vulnera para beneficio de un personaje hambriento de poder y gloria, entonces su sangre radica en la superioridad de la universalidad. A los pocos minutos se vive la gloria de la actividad recurrente cuando vemos a Furiosa (Charlize Theron) ataviada en la serenidad adquirida cuando sus gestos dicen poco porque la mente se dirige hacia otro lado; ella es la musa que logra infiltrarse para rescatar a las mujeres vulneradas, jóvenes que lucen como modelos actuales, delgadas, trigueñas, rubias, pelirrojas de cabello ondulado, símbolo exacto del deseo sexual masculino. Ellas recurren a Furiosa porque sus cuerpos como objeto traspuesto han ido cambiando al momento de contravenirse porque el villano de moldura diferente es capaz de embarazar para beneplácito de su herencia controlada.

Entonces cabe preguntarnos acerca de la realidad de semejante empresa en el momento en que Furiosa viene para defender a su género; y para hacerla más aparente carga de un brazo robotizado que la hace aún más interesante y atractiva para su propósito. Ella porta la insignia del cuerpo atroz porque de esa forma genera confianza. Max se integra para doblegarse desconfiado por su naturaleza de hombre rudo y sentimental, disfrazado para ceder a la grandilocuencia de autos y camiones enormes que corren a alta velocidad para insuficiencia de los principales. Furiosa carece de la belleza común porque la disfraza para entenderse con la naturaleza de la justicia venidera, ella pinta su rostro de un tono oscuro, se mantiene fuera del estándar de belleza inocente y natural para protegerse y culminar en los brazos de la lucha eterna. Las mujeres que la acompañan son guerreras que visten de blanco para obviar una cultura de virginidad inexistente, sus atuendos son diminutos, pequeñas mujeres de apariencia frágil que se revelan para adquirir la libertad anhelada.

madmax3Esta versión de Mad Max es extrema en la cobertura de acción visual, no hay momento para doblegarse porque las secuencias son muy rápidas y de gran duración; el escenario en sepia se viste de ridículas ataduras, música de fondo que provoca escrutinio y cierta fiereza por parte del espectador que no puede creer lo que ocurre frente a sus ojos. Es un circo de emociones cambiantes, la travesía se adhiere a una cultura que prefiere del macho en ciernes a la mujer que se ocupa. Atestiguamos lo sugestivo cuando Furiosa aparece para entenderse con el espíritu rebelde de Max, los dos se reconocen en el atavío de la travesía ya que han generado acuerdos sin decir palabras porque saben que tanto la una como el otro han sido objeto de la avaricia del humano poderoso, los dos buscan redención y no se detendrán hasta encontrarla. Existe también el cambio necesario en el soldado a quien se le promete la puerta de la libertad eterna, éste llega a romper con los caprichos del tiempo cuando una mujer aún con la experiencia vivida, decide acogerlo y creer que todo es posible.

Las mujeres entonces pasan de la abnegación al sentido de apropiación, son cuerpos que sirven para procrear, amamantar y servir. Pero Furiosa tiene la idea de una tierra prometida, este es su objetivo porque de la postura menos sutil hasta la más dura de corazón aún contiene la esperanza; ella sabe de un lugar en donde inició el viaje, tatuada de sus sabores y olores diferentes. La materia viva del feminismo brutal (como me atrevo a nombrarlo) es la cadencia en la que los cuerpos de las mujeres encontradas se ha transformado en vejez y desesperanza. No olvidaremos a la mujer que carga las semillas de la vida, aún cierta en sus creencias de un mundo mejor. Porque la esperanza las mueve, así como mueve a Furiosa y a Max entre el sentido de la arena cauterizada, los motores corriendo, la sangre fluyendo y las mujeres que aún en esta película siguen corriendo por sus vidas.

Mad Max: Fury Road parece un designio de nuestros tiempos en que el feminismo se transforma a pasos agigantados, cuando apenas vas aprendiendo de uno cuando ya existe el otro. Porque la sociedad se sirve del proyecto latente para generar ilusiones cinematográficas; dos horas de anhelo y adrenalina extrema, de feminismo brutal y subyacente. Horas que se repiten porque el espectador prefiere de esta droga visual a la apariencia del mundo real.